El Cisne Negro es una metáfora que se basa en la antigua suposición o creencia del viejo mundo de que todos los cisnes eran blancos, creencia que en el año 1697 cuando se descubre el cisne negro en Australia se convierte en fuente de debate, de polémica y de cambio ¿Surgieron nuevas creencias a partir de ese momento?.

El término Cisne Negro, desde hace algunos años hace parte de los textos o debates sobre gestión de riesgos, y fue acuñado por el investigador y filósofo de origen libanés Nassim Taleb en el 2007 cuando desarrolló la teoría del Cisne Negro que se describe con detalle en su libro El Cisne negro: el impacto de lo altamente improbable, y se trata de eventos o sucesos de gran impacto a nivel mundial que se caracterizan por cumplir con tres (3) atributos:

  • Es una rareza, porque está fuera de las expectativas normales del ser humano, debido a que no hay nada en el pasado que puede apuntar de manera convincente a su posibilidad.
  • Produce un impacto tremendo,
  • Pese a su condición de rareza, la naturaleza humana hace que inventemos explicaciones de su existencia después del hecho, con lo que, erróneamente, se hace explicable y predecible.

Las anteriores características definen un verdadero Cisne Negro, y quiero resaltar una de ellas “es una rareza, no hay nada en el pasado que pueda apuntar de manera convincente a su posibilidad o probabilidad de ocurrencia”, desde éste atributo revisemos si en el pasado se han presentado eventos similares a la pandemia de la COVID-19 que nos permitieran pronosticar el riesgo dentro de la gestión de riesgos a nivel mundial u organizacional.

Me gustaría reflexionar sobre el hecho de que en la actualidad se habla de la pandemia COVID-19 como algo que no podía preverse a nivel global, que era tan improbable que jamás fue considerado, y que por ello los países no estaban preparados para afrontar los impactos negativos de éste virus, algunos expertos lo han denominado como un ejemplo más de un suceso que se asimila a la teoría del “Cisne Negro” por considerarlo un evento inesperado y difícil de predecir y que no estaba dentro del rango de las expectativas normales”, tal como lo menciona el CIO y escritor Benjamin C. Halliburton Autor de libros de Forbes en su artículo “COVID-19 es un cisne negro”.

Para debatir dichas afirmaciones vamos a citar el “Informe Global de riesgos 2020 publicado por el Foro Económico Mundial”, que ofrece una amplia perspectiva sobre las principales amenazas que pueden afectar la prosperidad mundial en 2020, incluyendo los cinco (5) principales riesgos en evolución desde 2007–2020, evidenciándose el riesgo de pandemia dentro de los cinco con mayor impacto a nivel global en los años 2007, 2008, 2015 y en el 2020 se sitúa el riesgo “enfermedades infecciosas” como el décimo de mayor impacto a nivel global, así pues, dicho riesgo fue previsto a nivel mundial considerando grandes impactos negativos sobre la humanidad.

De igual forma dicho riesgo, fue considerado, por la Organización Mundial de la Salud-OMS en el “Informe anual sobre preparación mundial para las emergencias sanitarias de septiembre del 2019”, el que alertaba de que el riesgo, de que se produjera una pandemia global estaba creciendo, y que “el mundo corría grave peligro de padecer epidemias o pandemias de alcance regional o mundial y de consecuencias devastadoras, no solo en términos de pérdida de vidas humanas sino de desestabilización económica y caos social” (para mayor información consultar en https://apps.who.int/gpmb/assets/annual_report/GPMB_Annual_Report_Spanish.pdfen).

Siendo así, si hablamos de incierto e improbable respecto a la pandemia COVID-19, quizás nos podríamos referir al tipo o clase de virus, a las consecuencias que estamos viviendo a nivel global (económico, financiero, social), su morbilidad y mortalidad en grupos de alto riesgo (por ejemplo obesidad, hipertensión, diabetes, ancianos), mas sin embargo, si ya tenemos antecedentes de pandemias globales, por ejemplo, como la Viruela, el Sarampión, la mal llamada ‘gripe española’ de 1918, la peste negra y el VIH, que se han presentado a lo largo de la Historia de la Humanidad, con consecuencias significativas en términos de vidas humanas y a nivel económico, me pregunto, ¿Si en el pasado se han presentado pandemias, que haría improbable e imposible que en el futuro se repitan o emerjan nuevas de forma natural o intencionada, con características o consecuencias similares o más devastadoras?

En un mundo globalizado e interconectado como el nuestro, no pareciera tan extremadamente improbable que se produjera otra pandemia con características similares o peores a las ya ocurridas”

En consecuencia, no pareciera tan extremadamente improbable que se produjera otra pandemia con características similares o peores a las ya ocurridas, desde mi mirada, en un mundo globalizado e interconectado como el nuestro, dicho evento no pareciera ni improbable, ni raro que ocurriera, para que éste sea catalogado como un “Cisne Negro”, sino un Cisne Blanco; al parecer en el mundo incierto e improbable en el que vivimos seguimos conservando la creencia de que el mundo actual sigue siendo explicable y predecible, por ello percibimos solo aquello que queremos ver o que se ajusta a nuestras creencias conscientes e inconscientes a nivel personal, cultural, religioso, político, moral o normativo, y desde esa mirada llena de filtros nos paramos, priorizamos y generalizamos nuestra verdad como una verdad absoluta, quizás nos desconectamos del todo y nos perdemos del mensaje que está detrás de cada evento minúsculo y de las alertas que nos llegan día a día.

Es probable que las diferentes crisis a las que como humanidad nos hemos enfrentados y que nos seguimos enfrentando, tal es el caso del COVID-19, nos inviten a revisar nuestras creencias personales, culturales y como humanidad, hemos heredado de nuestros antepasados emociones como el miedo, la rabia y nuestro deseo de adquisición de poder, bajo los cuales hemos venido tomando decisiones de gran impacto a nivel global; por desgracia lo que funcionaba en los siglos pasados, se ha vuelto obsoleto en el siglo XXI donde el creer y el saber de la humanidad debe superar lo convencional y avanzar hacia modelos mentales más evolucionados, que puedan predecir lo impredecible a la mente humana.

Ya hoy en día en la toma de decisiones no solo nos basamos en nuestra razón, emociones, intuición y experiencia, debemos conjugar nuestras mentes evolucionadas con la analítica de datos mediante la Inteligencia artificial, que nos permitan predecir y conformar resultados futuros, para así hacernos cargo de ellos y potenciar, mitigar o eliminar grandes impactos positivos o negativos en nuestras vidas, en las organizaciones y en la humanidad, así pues, ¿Qué tan probable es que lo que hoy creemos, mañana ya sea obsoleto en el mundo incierto que estamos viviendo?, si esto es así, ¿Debemos revisar y reinventarnos desde nuestras creencias continuamente para adaptarnos a la incertidumbre? o ¿Qué pasaría si seguimos tomando decisiones de gran impacto, bajo creencias convencionales que hemos heredado de nuestros antepasados y de modelos obsoletos?

Por supuesto que todo lo mencionado, no implica buscar culpables o generar más caos, y creo que saber en éste instante si la pandemia por la COVID-19 es un Cisne Negro o No, no va a cambiar la situación, la cuestión clave e importante de todo éste tema se refiere a la brecha que existe entre lo que somos y hacemos, y lo que realmente queremos como humanidad, por ejemplo, en la Gestión de Riesgos y en muchos procesos que desarrollamos a diario, tendemos a ser incongruentes, planeamos de forma muy linda, y nos quedamos en las buenas intenciones, el actuar se desliga del deber ser, actuamos desde el yo y nos olvidamos del nosotros, y cuando se nos materializa un riesgo con consecuencias devastadoras no sabemos qué hacer y es allí cundo entramos en estado de crisis.

Ahora bien, pensemos, ¿qué podemos aprender de ésta crisis?, desde un punto de vista personal, la cuestión es generar un aprendizaje, cuestionar nuestros modelos mentales de liderazgo, crear una nueva perspectiva en nuestra forma de mirar o percibir el mundo, y en la forma en que estamos gestionando los riesgos en nuestras vidas y organizaciones, quizás sea el momento de hacer cambios estructurales en las organizaciones con respecto a la gestión de riesgos, por ejemplo, haciéndola parte de la cultura organizacional del ADN del alma de las organizaciones “las personas”, desde una evolución de consciencia que involucre y genere compromiso y responsabilidad de todas las partes interesadas, y asignando los recursos financieros y humanos para hacer posible lo que para algunos parece imposible “estar preparado para afrontar el mundo cada vez más Volátil, Incierto, Cambiante y Ambiguo en el que vivimos”.

Espero hayas disfrutado el artículo y te sea de utilidad en éste momento de tu vida. Abrazos desde el corazón

Escrito por: Gloria Paternina Cárdenas

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